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Roma y el agua.

 

La primera lección de Roma.

En la antigüedad Roma conquistó el mundo conocido no por la grandeza de sus ejércitos, sino por la eficacia de su ingeniería. Sus vías y sus edificios impresionaban tanto como sus ejércitos. La ciudad de Roma llegó a tener una población superior a un millón de habitantes. Pudo alcanzar ese tamaño porque tenía agua. Pero no cerca. Construyeron once acueductos que abastecieron la ciudad de agua para cubrir sus necesidades. Para mantener a su población saludable, tenían un sistema de alcantarillado que permitía evacuar las aguas residuales, disponían de agua para beber, para bañarse, para limpiar las calles y las casas, lo que evitaba enfermedades…

La primera lección es que la gestión del agua es esencial para nuestras ciudades.

La segunda lección de Roma.

Cuenta la historia que Roma cayó cuando fue sitiada por los bárbaros y éstos destruyeron los acueductos. Como consecuencia de ello, su población se redujo en un 99%. Esto indica la importancia que tiene la gestión del agua para nuestra civilización. Supongo que la trascendencia de su posesión ha sido la misma para todas las civilizaciones, pero muy pocas han gestionado el agua con la maestría de los romanos y pocas han presenciado un desastre tan grande por culpa del agua...

La segunda lección es que somos muy vulnerables a la escasez de agua.

Nosotros y el agua.

Dependiendo del emplazamiento de la población de la que hablemos, el agua puede ser un recurso precioso o una baratija abundante. En ocasiones, su exceso puede llegar a ser un problema enojoso que hay que resolver. Sin embargo, sea cual sea la localización de los edificios, todos se construyen igual y exigimos que cuando se abra un grifo salga agua. Puede ser potable o no, pero debe servir para satisfacer el resto de las necesidades del edificio y de todos sus ocupantes.

La gestión responsable.

En España el agua siempre ha sido un problema. Sufrimos sequías de forma cíclica y cada vez somos más y con mayores necesidades, mientras que la cantidad de agua embalsable es la misma que hace muchos años. Actualmente el consumo está acercándose peligrosamente al límite de lo razonable y, de hecho, hay zonas de España que sufren, y mucho, los periodos de sequía.

La gestión responsable del agua no consiste sólo en hacer anuncios diciéndonos como evitar su despilfarro de forma individual. La gestión responsable del agua consiste en ahorrarla, sobre todo logrando que los edificios y sistemas urbanísticos lo hagan.

Usuarios y edificios.

Aunque quisieran, los usuarios no pueden llegar a ser tan eficientes como los edificios en la gestión de recursos naturales, lo que nos lleva a pensar que los edificios pueden ser más ecológicos que sus usuarios. Lo entenderemos mejor si lo trasladamos a otro campo: a la hora de ahorrar gasolina nadie pide a los conductores de vehículos particulares que conduzcan de forma eficiente, no formando atascos y moviéndose siempre a una velocidad de 65 km/h en cuarta, sino que se exige al fabricante del coche que lo construya de forma que reduzca al máximo su consumo, esto es, que sea lo más eficiente en ese aspecto, si es posible sin perder ninguna prestación… Pues de la misma forma se debe exigir que los edificios que ahorren agua. Y pueden hacerlo. Los últimos datos con los que contamos, procedentes del Consejo Español de la Construcción Verde, demuestran que se pueden alcanzar ahorros superiores al 70%, dependiendo del uso del edificio.

¿Cómo? Próximamente hablaremos de cómo hacerlo.