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Ciclo de vida (I): Transporte

Construcción y deconstrucción.

Estamos acostumbrados a pensar que la vida de un edificio se limita a la construcción del mismo y su uso durante unos pocos años. Después nos olvidamos. Por tanto, bajo esta perspectiva elegir un material se basa en cómo se comportará durante estos años de vida útil. Se elige en función del precio, confort y posiblemente estatus social. Pocas veces pensamos que el material requiere alguna acción medioambientalmente poco recomendable, como la tala de especies tropicales o la fabricación con productos altamente contaminantes. Durante los últimos cincuenta años hemos asistido a la aparición de miles de materiales nuevos para la construcción, muchos de los cuales no han respondido a las características que prometían sus fabricantes y algunos han resultado ser cancerígenos o altamente contaminantes. Y esto nos lleva a lo que nunca pensamos. El edificio debe ser demolido tarde o temprano. ¿Qué se supone que pasará con los materiales que lo componen? Se podrán reutilizar o, simplemente, serán basura que enterraremos contaminando los acuíferos. A esto le llamamos deconstrucción, a pensar antes de construir que vamos a demoler.

Materia prima y transporte.

El mero hecho de extraer la materia prima de un material ya genera un impacto en el medio ambiente. Los materiales más sencillos son los que se obtienen casi sin manipulación, como rocas, gravas o arenas, pero aun así generan importantes problemas medioambientales, contaminando y alterando las localizaciones originales en el caso de canteras o modificando y deteriorando el curso de los ríos en el caso de gravas y arenas.

Estas materias primas habrá que transportarlas a zonas de almacenamiento y posteriormente a obra. Tenemos, de esta forma, un primer nivel de contaminación y por tanto un consumo de energía.

Transportes exteriores e interiores.

En la construcción todos los materiales llegan a obra transportados en vehículos. A esto lo llamamos transporte exterior. En el interior de la obra tendrán que ser movidos nuevamente hasta su punto de colocación mediante grúas y pequeña maquinaria, lo que supone nuevos transportes interiores que, dependiendo del tamaño o dificultad de la obra, pueden resultar más costosos que los exteriores y, muy a menudo, no están previstos. Por último, queda el transporte de la demolición del material (puede no ser la del edificio) o deconstrucción, que nunca se prevé.

Las consecuencias del transporte.

El transporte requiere quemar combustible. Esto supondrá no sólo un coste real sobre el material sino, además, un coste medioambiental por los gases expulsados a la atmósfera y por la demanda de petróleo que habrá generado. Pero es evidente que ningún material de construcción puede moverse sin transporte. Por tanto, a la hora de evaluar un material debemos valorar positivamente que el transporte sea lo más reducido posible.

Criterios de selección del material en función del transporte.

Teniendo en cuenta lo dicho, consideraremos de forma muy simple que lo más valorable en primer lugar será utilizar materiales reciclados de la demolición anterior o demoliciones cercanas. En segundo lugar utilizar materiales de la zona o alrededores más cercanos. Finalmente se valorará la distancia y los sistemas necesarios para recorrerla. Las distancias deseables deberían estar en torno a los 50 km y las admisibles no más allá de los 500 km.