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Sistemas pasivos

De como empezó el problema.

En los años sesenta nuestros edificios dejaron de ser eficientes energéticamente porque hicimos un patético descubrimiento: con el coste de máquinas no muy caras podíamos realizar una construcción significativamente más barata. Por entonces la energía no era un problema ni en cantidad, ni en coste, ni en polución. Nos colocamos en una situación insostenible a medio y largo plazo. Ya no importaba la orientación, ni el espesor de los muros, ni la calidad de las ventanas, ni la forma de reducir pérdidas, o protegerse de las ganancias. Esto continuó en los años setenta y ochenta, a pesar de que la gran crisis del petróleo se agravó, y se inició una nueva estética: el muro cortina, que comenzó a generar edificios enfermos. Llegados a este punto, la calidad de los edificios se medía por la calidad de sus materiales y no por la de sus espacios interiores, y lo único que hemos hecho desde entonces ha sido agravar el problema.

La esencia del problema.

El éxito de estos edificios que sacrificaban todo a los metros cuadrados y olvidaban el conocimiento obtenido durante siglos, se extendió rápidamente por todo el mundo y se comenzó a utilizar el mismo diseño en cualquier parte del mundo, sin que importase su localización. Pensando en España, nuestra historia y nuestro sentido común nos demuestra que no es lo mismo construir en León que en Málaga, pero la realidad es estamos construyendo el mismo tipo de edificios con el mismo tipo de máquinas.

Fundamentos de los sistemas pasivos

Llegados a este punto recuerdo dos tendencias durante mis estudios de la carrera de arquitectura: la de los ingenieros que no querían ventanas en los edificios, sino sensores; y la contraria (a la que siempre me he adherido) en la que lo que no queríamos eran máquinas ni sensores, y debíamos resolver todo (o casi todo) con las condiciones del lugar. Esto son los sistemas pasivos: utilizar primero las características de la localización: el soleamiento, el régimen de humedad, de vientos y de brisas, de días nublados, la temperatura media del suelo, etc. Con esto disponemos sistemas de calentamiento pasivos, sistemas de enfriamiento pasivos, utilizamos la ventilación directa o indirecta, la humedad o cualquier característica que la localización nos ofrezca. Siempre, siempre va a depender el “cómo” del proyectista, pero también los resultados.

Los elementos de los sistemas pasivos.

A lo largo de varios artículos veremos los numerosos elementos que la historia nos ofrece para captar calor, el frío, el aire o la humedad. Baste decir por ahora que utilizaremos patios, espacios no habitables, muros de diferentes espesores, sistemas de aislamiento, ventanas, pantallas, vegetación y otros elementos.

Los elementos de complemento.

Para los niveles de confort actuales, por lo general los sistemas pasivos utilizados históricamente no serán suficientes, y deberemos utilizar sistemas complementarios. Estos sistemas estarán a medio camino entre los sistemas pasivos y los sistemas clásicos de climatización. En general se trata de utilizar instalaciones que muevan fluidos (gases o líquidos) y capten calor o frío del exterior para aportarlo al interior. Estas instalaciones consumen muy poca energía y puede ser obtenida de paneles solares o de pequeños molinos.

¿Todo lo visto es una proclama de la vuelta a las cavernas?

En absoluto. Se trata de rediseñar la forma en que construimos actualmente, en la que se premia el ahorro instantáneo sin ver el coste futuro. Nosotros planteamos utilizar todos los medios y materiales a nuestro alcance, las tecnologías más modernas que puedan ayudarnos a diseñar mejor y con más eficacia. Pero siempre con un criterio muy claro: “El esfuerzo por ahorrar lo hace el edificio y no sus ocupantes”.